sábado, 11 de junio de 2016

Sala de espera

Al llegar al despacho, me dicen, con cierto aire imperativo, que me siente en una especie de sala de espera, a lo largo de un pasillo. Así lo hago. Lo mío siempre ha sido el servilismo. Un servilismo disimulado, eso sí, sonrisa en boca.

Decenas de títulos y diplomas adornan aquella pared. Apenas quedan huecos libres. Van, desde la foto de la promoción universitaria, en la que reconocer al dueño de la consulta treinta años más tarde, es como buscar a Wally, a la certificación de un curso de dos horas sobre batido dinámico de tortillas francesas, pasando por el diploma de participación en el campus de verano de badmington.

El conjunto impresiona, demasiados para contarlos. "Ésta debe saber un güevo", pienso.

- Ya está caballero. Son cien euros.

- Ah, pues vale!

- ¿Quiere factura?

- Sí, por favor.

- Perdone, entonces son 107.

- Ah, pues vale! 

Pago, con ese servilismo que me viene de cuna por pobre, y salgo sin hacer mucho ruido.

Ya en el coche me doy cuenta de que he pagado antes de recibir el servicio. Supongo que allí no tenía crédito.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Viernes negro

El pibe no debía tener más de once o doce años. Posiblemente anduviese acatarrado. El caso es que no entró en la piscina con sus compañeros de clase y les esperaba fuera, haciendo deberes. Ya a mitad de la sesión, camino del baño, se cruzó en las gradas con uno de sus profesores.

- "Paco, llévame esta carpeta para allá, que vuelvo enseguida".

El niño, voluntarioso, y supongo que temiendo algún tipo de represalia vía notas si se negaba, todo hay que decirlo, cojió la carpeta y la llevó, tan rápido como pudo, hasta el sitio donde el profesor había dejado su mochila y su abrigo.

Paco iba en dirección contraria pero eso, al susodicho profesor, poco debió importarle. Ni tampoco que el niño le hubiese dicho que se estaba meando.

-"Y corrígeme los exámenes que hay dentro!, ja, ja, ja..."

Paco debió pensar, además de que aquello no tenía ni puta gracia,  que ayer, 27 de noviembre de 2015, no era el Día del Profesor, como le habían dicho en el colegio, sino un viernes negro en toda regla.

Cuando Paco sea mayor, el profesor lo será aún más. Quizás recuerde la anécdota, o quizás la olvide, pero no tendrá estómago para dar cumplida venganza a tal agravio. Ya saben, de ancianos, todos parecemos corderitos degollados. No hay más que echar la vista atrás y recordar los últimos días de Pinochet.