Dimitris Christoulas era, hasta el día 4 de abril de 2012, uno más de tantos pensionistas griegos. Su salud, física y mental, se deterioró hasta el extremo de optar por quitarse la vida.
Y lo hizo al día siguiente, el cinco de abril de 2012. Delante del Parlamento griego y dejando esta nota:
"Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida".
El rescate a la banca privada española costó 110.000 millones de euros. Ningún alto ejecutivo del sector llegó a quitarse la vida.
Ljungrenn (1.952), Thompson (1.960) y Pamich (1.964), tres campeones olímpicos de los 50 kilómetros marcha.
viernes, 3 de julio de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
A la izquierda del Chino.
Aún lo recuerdo como si acabase de suceder.
Aquella primavera del 2015 recordaba, por revolucionaria, al mayo del 68. El pueblo asaltó, con su populismo chabacano por bandera, una buena parte de las instituciones a lo largo y ancho del país, en una especie de reconquista silenciosa. El Barça ganó un triplete, perdiendo parte de su adn de toque al son de la batuta de Xavi, para adentrarse en una nueva era caracterizada por el uso de la contra mourinhista.
El verano fue plácido, laborioso pero plácido, dando la razón a Hemingway.
En mi tierra, el paro bajó hasta los niveles del norte de Europa. Nuestro PIB subió y nuestra renta también. Los recortes en sanidad, educación y servicios sociales quedaron en el olvido. La cultura dejó de penalizarse y las becas para estudiar fluyeron. Los jóvenes que habían emigrado al continente retornaron a la isla. Emergió la industria y la construcción. La investigación llegó a niveles desconocidos y hasta nuestra universidad alcanzó prestigio internacional.
Fue el punto y final de los contratos basura y de la dictadura de los tour operadores internacionales en el sur de la isla. Empezamos a beber más, a comer más y a consumir más. Todo más.
Y todo por un gol de la Unión Deportiva, de Araujo, para más señas. Bendita izquierda. La del Chino, digo. Lo había vaticinado un político en el palco del estadio. Era bueno para la economía que el pueblo estuviese contento.
Nunca me quedó claro si se refería al fútbol o a las urnas.
Publicado por
José Osvaldo Fernández
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